La voz del Caballo
El Relinchido
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"CONTRADICIIONES"                                                                        por Marcelino Ramírez
CONTRADICCIONES

Marcelino Ramírez
5 de agosto de 2002

La naturaleza equina es extraordinariamente compleja, más de lo que generalmente creemos. Prueba de ello es la frecuencia con la que encontramos contradictorias opiniones escritas o verbales sobre ella.

Muchos describen al caballo como una criatura dócil mientras que otros lo consideran ingobernable y hasta indómito; se afirma que es un ser tímido y sin embargo se exalta su valentía en combates y acciones que no admiten titubeos; hay quien lo menciona como afectuoso y quien lo hace como una criatura hostil y peligrosa; algunos creen que es extraordinariamente inteligente y quien afirma que es sumamente estúpido; se le toma por educable pero también como torpe y lento para comprender lo que se le pide; otros más piensan que es impetuoso mientras que hay quien piensa que es flemático y hasta indolente.

Tantas diferencias de opinión dan mucho que pensar ¿qué tanto conocemos realmente al caballo? ¿es probable que pueda conjugar extremos diametralmente opuestos? ¿en verdad el caballo es tan ambivalente? y si fuera así ¿cuánto corresponde realmente a su personalidad y cuanto a nuestra apreciación de sus actitudes?

Es difícil saberlo, pero lo que sí es un hecho, es que generalmente cada caballo puede asumir actitudes totalmente diferentes según la forma con la que se le maneje.
Por esa razón,  encontramos tanta diversidad de opiniones, pues cada cual opina "según le va en la feria" generando la mayor controversia que actualmente existe en la equitación.

Es por eso que podemos tener un caballo que ante un tipo de trato nos parece indómito, violento, estúpido o torpe y bajo el otro es el animal más manso, inteligente, noble y obediente que hayamos podido ver.

El Manejo Natural hace la diferencia en cualquier caballo, sobre todo, si se le encausa a tiempo, pero esta transformación no se da de manera espontánea ni tiene que ver el azar, depende en mayor medida de lograr una comunicación eficiente y clara con él.

Sin embargo, esa comunicación se ve limitada por el enfoque humano del concepto pues estamos acostumbrados a juzgar al mundo desde nuestro punto de vista, de hecho, generalmente no se considera que el caballo pueda tener el suyo propio. Su forma de pensar y de comprender los fenómenos del mundo exterior es muy diferente a la del hombre pues sus necesidades biológicas también lo son.

Esto hace que hablemos "idiomas" distintos y que la comunicación entre los dos sea muy difícil. A grado tal, que cuando según nosotros nos comunicamos con el caballo, lo que hacemos en realidad es solo dictar ordenes que confundimos con diálogo. La mayoría de las veces ni siquiera las comprende, hasta que, a pesar de nuestra incapacidad para darnos a entender, después de cientos de repeticiones y otras tantas horas de trabajo, logra asociar --como adivinando-- sus acciones con los estímulos que recibe, generalmente nada gentiles.

Es entonces cuando consideramos que lo hemos adiestrado. Con mucha frecuencia creemos que estamos comunicándonos con el caballo, cuando generalmente lo que hacemos es atrofiar su habilidad para valorar estímulos contrarios y anular su capacidad de toma de decisiones.

Sin embargo, la comunicación en su propio "idioma" es altamente eficiente y su capacidad de comprender lo que se le pide solo tiene comparación con la voluntad que empeña en complacernos.

Es sorprendente que no se requieren más de tres repeticiones -- menos de cinco minutos-- para que le quede clara nuestra solicitud y se inicie el proceso de ejecución, que en este caso, será eficiente, decidida, oportuna y precisa,  en pocas palabras, del más alto rendimiento.

Para mí, no existe ninguna contradicción, la diferencia la hace el punto de vista del observador, que juzga de acuerdo al resultado de su quehacer.


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CUANDO NO DECIR NADA ES EL MEJOR MENSAJE

Marcelino Ramírez
10-ago-02

Nadie parece sufrir por falta de comunicación, al menos no lo aceptamos, ni en el hogar, la oficina o con el caballo.

En cualquier actividad ecuestre, pero sobre todo en Doma Clásica por su nivel de demanda de precisión, obediencia y complejidad de ejecución, una efectiva y correcta comunicación es indispensable.

Efectiva, porque nuestros estímulos no siempre alcanzan el objetivo de impresionar apropiadamente los sentidos de nuestra cabalgadura; y correcta, porque en muchos casos la comunicación puede ser efectiva, pero no la correcta.

Frecuentemente nuestras señales no son específicas, resultan poco claras, o son contradictorias.

De hecho, la naturaleza equina --sustancialmente diferente a la nuestra-- que llevamos entre nuestras piernas, es una máquina altamente eficiente de percibir estímulos del medio, tanto, que nuestra propia receptividad se queda muy corta y no somos conscientes de cuantas señales que emitimos involuntariamente tienen que ser ignoradas por el caballo por carecer de significado.

Es demasiado pedir a nuestros caballos, que aparte de mantenerse obedientes a señales juzgadas antropocéntricamente, ignore no solo las que recibe de más allá de nuestras acciones (del medio), sino también las que realizamos sin tener la intención de hacerlo.

Estas señales fallidas confunden al animal hasta que aprende a ignorarlas. En realidad es un proceso de insensibilización involuntario que hace indolente o distraído al caballo, que después ignora también las señales que sí tienen un propósito específico.

Con esa mala comunicación tendemos pues, como muchas otras cosas que ocurren sin que nos demos cuenta, a reducir el enorme acervo de sensaciones que el caballo tiene a su disposición de manera natural.     

Es un gran desperdicio y por lo tanto un error, no aprovechar esa gran capacidad de captura de señales, simplemente porque no sabemos más sobre la naturaleza del caballo, de sus capacidades receptivas y de sus limitaciones de abstracción.

Es por eso que destacan los jinetes con mucha sensibilidad y experiencia, cuando no tienen porqué rezagarse los que sin tenerla, pudieran compensan su deficiencia con el conocimiento profundo de la naturaleza equina operando en su favor.

Pocos jinetes tienen completamente clara la importancia de no decir nada cuando de comunicación con el caballo se trata. Para él, la mejor señal es no recibir ninguna, pues significa que ha hecho lo correcto.

Antes que los halagos y caricias (prohibidas durante una competencia de Adiestramiento y de Rienda Olímpica o reining), la cancelación de un estímulo, es decir, cuando no hay nada que comunicar, es la primera manifestación del reforzamiento positivo y es el mejor mensaje que podemos dar a nuestra cabalgadura.

Sus correctas evoluciones y su mejor esfuerzo en su desempeño --que finalmente distingue a ganadores de perdedores--, estarán regidas por la búsqueda de la suspensión de las órdenes. La voluntad que el animal ponga, entendida no solo como la ausencia de resistencias o manifestaciones indeseables, sino el esfuerzo extra para elevar más alto, cruzar más largo, o ejecutar con más precisión una maniobra determinada, estará en función directa de la claridad que tenga de que después del cumplimiento correcto, encontrará la retribución de la cancelación del uso del acicate, la rienda o la tensión corpórea, que es precisamente: no decir nada.     

Volvemos a corromper la comunicación cuando hacemos lo contrario: suspender el apoyo, cuando hay que incrementarlo. De nuevo el error es nuestro (como todos los demás), pero culpamos al animal por el efecto del teléfono descompuesto, que compone el Manejo Natural del Caballo.

Ing. Marcelino (Chico) Ramírez
www.chicoramirez.com
13-jun-02


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"CUANDO NO DECIR NADA ES EL MEJOR MENSAJE"                     por Marcelino Ramírez
UN UNIVERSO SORPRENDENTE


-Por Horacio Ireta Vàzquez-


HECHOS ASOMBROSOS, VERDADES SORPRENDENTES, CALCULOS INCREÍBLES, TEORIAS DESCONCERTANTES SOBRE EL MAS GRANDE TEMA DE TODOS: EL PASADO, PRESENTE Y FUTURO DEL UNIVERSO.

EN ESTE ARTICULO VOY A TRATAR DE PLASMAR, TRADUCIR Y REPRODUCIR ALGUNOS DATOS SOBRESALIENTES ACERCA DE ESTE INTERESANTÍSIMO TEMA, ESPERANDO QUE DESPIERTE EN USTEDES LA CURIOSIDAD POR SABER UN POCO MAS SOBRE EN DÒNDE NOS ENCONTRAMOS EN EL COSMOS.

VAMOS VOLANDO COLGADOS DE ESTA ESFERITA -LLAMADA TIERRA- SOBRE LA QUE VAGAMOS A UNA VELOCIDAD QUE DEBIDO A LAS LEYES DE LA FISICA NO SENTIMOS Y NO TENEMOS NI IDEA DE SU MAGNITUD, ALGO ASI COMO QUE EL SOL-Y SUS PLANETAS- SE DESPLAZA POR EL COSMOS A UNA VELOCIDAD DE 1.018,000.00 UN MILLON DIEZ Y OCHO MIL- KILOMETROS POR HORA Y TARDA 225 MILLONES DE AÑOS EN DAR LA VUELTA A NUESTRA GALAXIA -"LA VIA LACTEA" QUE ES UNA GALAXIA DE TIPO ESPIRAL Y DE UN COLOR AMARILLENTO- (QUE ESTA HECHA BÁSICAMENTE DE HIDRÓGENO Y HELIO Y MIDE UNOS 100,000 CIEN MIL AÑOS LUZ- DE DIÁMETRO Y TINENE UNA EDAD APROXIMADA DE UNOS 30,000 TREINTA MIL- AÑOS .

SI QUISIÉRAMOS HACER UN VIAJE IMAGINARIO EN NUESTRO AUTOMÓVIL A LA ESTRELLA MAS CERCANA "PROXIMA CENTAURI"- QUE SE ENCUENTRA A UNOS 4.34 AÑOS LUZ DE DISTANCIA MAS O MENOS UNOS 40 MIL MILLONES DE KILÓMETROS- VIAJANDO EN NUESTRO MÁGICO AUTO A 80 KM. POR HORA, RECORRERIAMOS 775,000-SETECIENTOS SETENTA Y CINCO MIL- KILOMETROS POR AÑO; A ESTE PASO, NUESTRO VIAJE DURARIA UNOS 520,000 QUINIENTOS VEINTE MIL- SIGLOS ¡¡52 MILLONES DE AÑOS!! SI ESTE VIAJE HUBIESE COMENZADO EN LOS TIEMPOS EN QUE APARECIO EL HOMO SAPIENS SOBRE LA TIERRA, ENTONCES AHORA HABRIAMOS CUBIERTO UNA 18ava. PARTE DE NUESTRO VIAJE Y PASARÌAN MAS DE 24,000 GENERACIONES PARA QUE LLEGARAMOS A NUESTRO DESTINO...

ES INCREÍBLE VER COMO EL SIMPLE HECHO DE ASOMARSE A ESTOS CONCEPTOS, LE CAMBIAN A UNO POR COMPLETO LA PERSPECTIVA Y LA MANERA DE VER LA VIDA A NUESTRO EFÍMERO PASO POR ESTE MUNDO, NO ES SORPRESA SABER PORQUE EN LA ANTIGÜEDAD SE ESCONDIO ESTA INFORMACIÓN DE LOS OJOS DE LOS MORTALES Y PORQUE FUERON CONDENADAS GENTES COMO COPERNICO Y GALILEO QUE SE ATREVIERON A DECIRLE AL MUNDO QUE LA TIERRA NO ERA EL CENTRO DEL UNIVERSO Y QUE LA VIA LACTEA ES UN CONJUNTO INNUMERABLE DE RACIMOS DE ESTRELLAS. 

IMAGINEMOS QUE HAY UNA MAQUINA DEL TIEMPO Y QUE PODEMOS HACER UN "ZOOM" AL MOMENTO DE LA MUERTE DE NUESTRO SOL O QUE PODEMOS HACER UNA REGRESIÓN AL TIEMPO EN QUE EL SOL NO HABIA NACIDO TODAVÍA, DIGAMOS HACE UNOS 10 BILLONES DE AÑOS; ¿CUÁL SERIA EL ASPECTO DE NUESTRA GALAXIA? SEGÚN LA TEORIA DEL "BIG BANG"

TODOS LOS MILES DE MILLONES DE GALAXIAS, CON TODOS SUS MILES DE MILLONES DE ESTRELLAS, TAN SOLO LLENAN UNA 100 MILLONESIMA PARTE DEL ESPACIO CONOCIDO DEL UNIVERSO... LA ENERGIA EMITIDA POR UN QUASAR DURANTE UN SEGUNDO, PROVEERIA LA ENERGIA REQUERIDA PARA LAS NECESIDADES DE LA TIERRA POR LOS PRÓXIMOS 1,000 MILLONES DE AÑOS... TAN SOLO EN NUESTRA GALAXIA HAY UN ESTIMADO DE 100,000 CIEN MIL- MILLONES DE ESTRELLAS Y ASI MISMO UN TANTO IGUAL DE GALAXIAS... LOS ASTRÓNOMOS USAN UNA MEDIDA QUE SE LLAMA "UNIDAD ASTRONOMICA" ("AU" EN INGLES) QUE ES IGUAL A 149.600,000 CIENTO CUARENTA Y NUEVE MILLONES SEISCIENTOS MIL  KILÓMETROS QUE ES LA DISTANCIA DEL SOL A LA TIERRA, IGUAL A 499 SEGUNDOS-LUZ (8 MINUTOS Y 20 SEGUNDOS) QUE ES EL TIEMPO QUE TARDA LA LUZ DEL SOL EN LLEGAR A LA TIERRA


...SENTADO EN UN ADORATORIO EN MEDIO DE LA PLAZA, EL SACERDOTE DIJO: "ESTE ES EL PRINCIPIO DE LAS ANTIGUAS HISTORIAS DE LA NACIÓN QUICHÈ, LA NARRACIÓN DE LO QUE ESTABA OCULTO, EL RELATO DE LA ABUELA Y EL ABUELO, LO QUE CONTABAN EN EL PRICIPIO DE LA VIDA. ESTE ES EL SAGRADO POPOL VUH "LIBRO DE LA COMUNIDAD" LUEGO DESPLEGÓ EL LIBRO, DOBLADO EN FORMA DE BIOMBO, Y EMPEZÓ A IEER: "TODO ESTABA EN SUSPENSO, TODO EN CALMA, EN SILENCIO; TODO INMÓVIL, CALLADO, Y VACÍA LA EXTENSIÓN DEL CIELO... NO HABÍA TODAVÍA UN HOMBRE NI UN ANIMAL, PÁJAROS, PECES, CANGREJOS, ÁRBOLES, PIEDRAS, CUEVAS, BARRANCAS, HIERBAS NI BOSQUES: SÓLO EL CIELO EXISTÍA. NO SE MANIFESTABA LA FAZ DE LA TIERRA. SÓLO ESTABAN EL MAR EN CALMA Y EL CIELO EN TODA SU EXTENSIÓN... SOLAMENTE HABÍA INMOVILIDAD Y SILENCIO EN LA OSCURIDAD, EN LA NOCHE. SÓLO EL CREADOR, EL FORMADOR, TEPEU GUCUMATZ, LOS PROGENITORES, ESTABAN EN EL AGUA RODEADOS DE CLARIDAD. ESTABAN OCULTOS BAJO PLUMAS VERDES Y AZULES, POR ESO SE LES LLAMA GUCUMATZ (SERPIENTE-QUETZAL). DE ESTA MANERA EXISTÍA EL CIELO Y TAMBIÉN EL CORAZÓN DEL CIELO, QUE ÉSTE ES EL NOMBRE DE DIOS... (EXTRACTO DEL LIBRO DE LOS MAYAS "POPOL-VUH" SOBRE SU VISION DE LOS ORIGENES DEL MUNDO)

SI ALGUIEN ME HUBIERA HABLADO SOBRE ESTOS TEMAS Y CON ESTA SENCILLEZ CUANDO ERA NIÑO, ESTOY SEGURO QUE HUBIERA DIRIGIDO MIS PASOS HACIA EL ESTUDIO DEL UNIVERSO, OJALA Y QUE ENTRE USTEDES HAYA MUCHOS COSMOLOGOS Y COSMOLOGAS Y ASTRÓNOMOS Y ASTRONOMAS EN POTENCIA.


BIBLIOGRAFÍA: "THE MIND BOGGLING UNIVERSE" POR NEIL Mc. ALEER, EDITORIAL DOUBLEDAY & COMPANY, INC. NEW YORK 1987.

FUENTE: mèxico desconocido on line.

"UN UNIVERSO SORPRENDENTE"                                                 por Horacio Ireta V.
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Antropología filosófica y especismo                       por Ana Cristina Ramírez Barreto

Antropología filosófica y especismo1


Ana Cristina Ramírez Barreto



La arriería, eso era el arte mío, las mulas, que las quería mucho. Con las mulas levanté mi familia, la eduqué, los alimenté bien, les di su vestido, todo con las mulas... Pero ahora yo ya ni más, me dio tristeza, hombre, salir de mis últimos animalitos, los que me dieron la vida.

Gerardo Osorio, arriero de Fredonia



Pretendo traer la cuestión animal al centro del debate filosófico, por principio como un extrañamiento por su marginalidad, su reducción a tópico aclarado e incluso inexistente. Pensar al animal no ha sido una prioridad reconocida para la filosofía, pero esta marginalidad se ha agudizado en los escenarios de la filosofía moderna. Toda vez que las sumas teológicas (mérito especial para Tomás de Aquino) elaboraron visiones coherentes del orden mundano y celeste, la filosofía reconocida dejó el problema de pensar al animal a los biólogos y zoólogos; dejó el problema de poner atención aguda y sostenida a la movilidad social animal en manos de los etólogos; dejó el problema de pensar la práctica animal en manos de los cirqueros, los entrenadores, los campesinos y los matanceros. Y ellos lo han hecho bien. Nadie ha extrañado a los filósofos en este campo. Menos ahora, que es McDonald's quien tiene la tarea de pensar y decidir qué es una vaca, qué es una sonrisa, qué es un niño.
Permítaseme hablar figuradamente del filósofo, como si fuera uno y varón ; más que un ente real será un personaje literario que evoca un momento preciso de todos los que fuera de ficción nos dedicamos al oficio de filosofar. Hablaré aquí del filósofo con una incorrección parecida a aquella en que incurre dicho personaje cuando habla de que el animal no... equis y zeta.  Pues bien, el filósofo padece de un olvido agudo de la cuestión animal. Este olvido persistente, sistemático y progresivo se reitera en cada desayuno, comida y cena del filósofo, en cada viaje que realizó antes de la propagación del transporte motorizado, en cada zapato, en cada cartera...  en cada alegría y en cada pena. Este olvido, repito, está agravado porque cuando el filósofo cedió a la necesidad de pensar al animal lo hizo mal.
Lo hizo mal porque la cuestión animal se fijó en el cartabón de la didáctica para que los niños y legos que todavía no la "piensan bien" (es decir, no la olvidan persistentemente) se den cuenta de la diferencia que existe entre humanos y animales. Este es el principio del error. Hasta ahora me he referido a la cuestión animal, pensar al animal... La cuestión no se aborda o se aborda mal, cuando subrepticiamente nos desplazamos de ahí al problema de enlistar los rasgos que nosotros sí poseemos y ellos, no; o al problema de explicar por qué dejamos de ser meros animales, es decir, cómo y cuándo traspasamos la frontera de lo biológico y advino en nosotros un espíritu, un don como la palabra, otra estructura existenciaria, etcétera. 
En general, el filósofo no ha pensado filosóficamente al animal. Y se ha servido de este pseudopensar para ejercer la insidiosa violencia del tirano manso. Es una cuestión de política de la representación animal y justificación de las acciones u omisiones.

Política animal
Parafraseando a Voltaire, si el animal no existiera habría que inventarlo. Habría que inventarlo porque la dinámica de especificación y formalización de lo humano en filosofía, es decir, el digestor de la antropología filosófica, se ha alimentado del supuesto consenso en que hay ellos, los bichos en montón indiferenciado y hay nosotros. Nosotros, es decir, el tema, problema, objeto y misión de la disciplina académica.
No sólo se ha alimentado de este supuesto. Ha considerado un atentado, una ofensa o un veneno el que se cuestione esta base. Pareciera que el plus ganado en nuestra condición de ser más que animales se perdiera si se acepta que ellos no son lo que ya había quedado asentado.  Así por ejemplo, a mediados del siglo XX, había confianza en que una clara diferencia entre humanos y animales era la carencia, en estos, de cualquier mediación técnica, artificial, con su entorno. Esta evidencia sirvió de base para construir teorías de la cultura centradas en la técnica o centradas en la lingüisticidad que toda técnica presupone. En todo caso, la mediación era la piedra de toque indudable. Los animales viven en la inmediatez, los humanos, no. Los animales viven en la naturaleza, los humanos en la cultura, que es más que la naturaleza.
En estas condiciones, el filósofo deliberaba sobre la diferencia con respecto al animal contrapunteando los matices más materialistas frente a los matices más interpretativistas. Ante la técnica, el trabajo, la organización social jerárquica o, en cambio, la apertura al sentido, la significación, el ser un proyecto y saber de sí y de la propia finitud, el problema sería ¿cómo combinar estos elementos para obtener la diferencia? ¿qué peso darle a cada uno? ¿o quizá no se debe darle peso a ninguno sino afirmar que la diferencia es total, la forma de existencia es la gran diferencia? 
Hacia los años 60 del siglo XX empezaron a circular imágenes que mostraban algo que no debía ocurrir, filosóficamente hablando. Unos monos en su selva pescaban bichos con palitos ¿Cimbró esto el edificio de la idea fija "ellos no median, nosotros sí"? ¿Acaso el filósofo corrió a revisar cómo afectaban estas imágenes los supuestos sobre el espíritu, la razón, la sensibilidad, el entendimiento, el bien, el ser-ahí? No. No pasó nada. Simplemente recorrió las exigencias: bien, ahora sabemos que no toda mediación es la verdadera mediación cultural, es decir, humana. Y empezó un ritornelo catatónico: ellos no, ellos no, nosotros sí, nosotros sí.
Por ejemplo, Julián Marías desarrolla el tema del rostro, no el rostro sin más, no. El rostro humano. Así va en el título del apartado. Pero... ¿es que hay otro rostro?  No. Desde su punto de vista no lo hay.   Él dice que merece adecuada atención la escala facial que va desde los animales inferiores hasta los perros de caza; estos últimos son los que tienen un cuasi-rostro adquirido como por contagio, "por su trato con el hombre" más biográfico que el de los simios, aunque el de estos sea morfológicamente más semejante al humano.  Dudo mucho que el asunto merezca más atención que la que él ya le dio en un solo párrafo. Es una lástima, pero lo único que nos dice en realidad es que probablemente a él en lo personal le gusta la cacería deportiva.
El estudiante de filosofía, en sus lecturas, en las clases, se adiestra para ser veloz en una doble operación: detectar prejuicios en los discursos filosóficos y ajustarse al resto de la doctrina, comprendiéndolos, tolerándolos o perdonándolos como si fueran las verrugas que la época y el contexto extrafilosófico le imponen a un pensador. Hemos desarrollado cierta sensibilidad para prejuicios como el racismo, el sexismo y el etnocentrismo. Muchas veces los detectamos. Si es posible, si hay tiempo, los abordamos, los discutimos y pasamos a otra cosa, sin tirar al niño con el agua sucia. No estamos desechando la doctrina de la phrónesis de Aristóteles a causa de sus teorías sobre la generación de las hembras y del esclavo como herramienta viva.
Tal destreza está bien desarrollada para la mayoría de los prejuicios, pero todavía no para el especismo.   Al texto de Julián Marías le vamos a agradecer que nos ponga a reflexionar sobre el rostro, que nos lo ubique como el centro de organización de toda la corporeidad, que nos diga que no hay rostro humano en general sino que es rostro sexuado, con lo cual le agradecemos que haya sido sensible al prejuicio sexista que hace del neutro/masculino algo válido de manera universal (lo cual ni remotamente significa que estemos de acuerdo con su discurso sobre la polaridad complementaria de los sexos). Incluso vamos al espejo a corroborar estas dos coordenadas que él nos da como referencia para la apreciación del rostro: la expresión, es decir, la manifestación de estados de ánimo y la significación,  esto es, que el rostro refleje un proyecto vital. Pero ya no debemos agradecerle, sino tomar en cuenta, advertir y problematizar el prejuicio político que lo lleva a escribir que los animales, así, todos en general y en escalerita desde los inferiores y hasta el chucho que le trae la perdiz, todos, carecen de rostro.
Julián Marías no excluye a la "cara" animal de la capacidad de expresar estados de ánimo. Pero sí de la segunda condición, la de la significación; que el rostro deje ver un proyecto vital, que sea significativo. No lo es, pues según él

lo equivalente de ello no sería individual, sino la facies de la especie: la nobleza del león, la astucia del zorro, el desdén del gato, la pasiva indiferencia de la oveja, la amistosidad del perro, la obtusa mineralidad del rinoceronte. Pero estos caracteres, específicos y no individuales, son estructurales. La condición impersonal mejor dicho, infrapersonal de los animales, se revelaría en la ausencia de significación en su "cara"; esto sería, a su vez, consecuencia de la carencia de futurición y proyecto vital; el único análogo de esto residiría en la especie como tal: ser perro, gato, león o rinoceronte significan algo, en este sentido, un proyecto: precisamente lo que llamamos "naturaleza".

Si Julián Marías estuviese hablando no de estos animales, sino de un conjunto muchísimo más pequeño y muchísimo menos variado en sus formas de vida, sus hábitos alimenticios, su ritmo de sueño y vigilia... en fin, si estuviera hablando de humanos, observaríamos inmediatamente que se está valiendo de estereotipos de manera sumamente acrítica. ¿Qué se ha respondido filosóficamente ante la estereotipia que dice, por ejemplo, todos los orientales son iguales, los negros son delincuentes, los latinos son enamorados, las mujeres... etc.? Se ha respondido que no se ha visto bien, que se ha echado un vistazo, una visión de sobrevuelo, que no se trata de sustancias separadas, monolíticas, homogéneas, que se están mostrando más los límites y los prejuicios del sujeto que la realidad del objeto... en fin, ya hay caminos trillados con reproches y críticas muy justas a posiciones como la anterior y que saltan inmediatamente a la palestra tratándose de un evento filosófico. Desde luego, la condición es que estén involucrados humanos como referente del estereotipo. Si los involucrados son animales, habrá cabezas que asientan e incluso alguien añadirá otro ejemplo de la infrapersonalidad animal (la sabiduría del búho, la bravura del toro). Si alguien más advierte el prejuicio en curso quizá frunza el entrecejo y piense para sí: "mmm, me parece que hay mucha más flexibilidad y exhuberancia de la que aquí se reconoce, he visto leones con vocación de corderos y caballos que atacan como perros". Dudará de esta parte del argumento pero no detendrá la ponencia, querrá saber a qué conclusión llega el filósofo, cuál es el punto verdaderamente importante, el punto de llegada, ése que se refiere al rostro humano. 

¿Quién le pone el cascabel al gato?
No hablan, caminan mal, no se saben sentar, el futuro les importa un bledo, no toman las decisiones que debieran tomar, no escriben, no leen...  en pocas palabras, los animales no sirven como humanos.  Esta es una idea absurda, sin duda, pero quizá sea la única idea que ha podido continuar como guía del (no) pensar al animal en filosofía durante cientos y miles de años. A pesar de unas cuantas pero importantes excepciones,  el especismo nunca ha sido vulnerado filosóficamente ¿Por qué? ¿Cuál es el secreto de su larga y saludable vida?
No hemos creído que valga la pena cuestionar los estereotipos cuyo referente sean los animales. Menos aún si nos vienen de boca o de mano de un filósofo destacado. Acallamos nuestra muy personal y humana sospecha de que se acomoda la representación de los animales para poder elaborar un discurso sobre el supuestamente auténtico ser humano. Después de todo, los filósofos quizá soportemos en casa sólo una mascota pequeña, así es que nuestra experiencia con ellos suele ser demasiado limitada, devaluada, vergonzosa como para exponerla públicamente. Preferimos hacer un ajuste personal y continuar atentos al momento en que se diga algo que sí valga la pena comentar.
Mientras tanto, se siguen acumulando páginas y más páginas que repiten a coro que la antropología estudia al hombre, es decir (nótese el ajuste) a toda la humanidad, a toda la especie humana y sólo a ella. Que no importa lo que parezca que son los animales, jamás serán como nosotros, y por lo tanto, no son antropológicamente relevantes. 

Por culpa del clavo de una herradura se perdió un reino
Para la filosofía la cuestión animal ha resultado trivial. Para la antropología filosófica ha sido relevante en tanto permite acotar el objeto de interés: el supuestamente no-animal. La antropología científica (social, cultural) ha empezado a atender a esta cuestión.  Las consecuencias de esta trivialización o negación explícita son muy graves. Para doble infortunio, tales consecuencias no son visibles en tanto el especismo siga operando salvajemente desde la oscuridad.
La antropología científica o empírica no ha comprendido la cuestión animal como campo de estudio legítimo. Sí la ha abordado si está transmutada  en "el animal como símbolo" en equis cultura  o incluso en forma de proceso ecológico, sistémico y simbólico.  Pero no se han dado las posibilidades de hacer una etnografía de las relaciones animales (humanos y no humanos). En consecuencia, se ha cegado ante una dimensión fundamental de la vida social.
Durante años se preparó la evacuación de las poblaciones aledañas al cráter del volcán Popocatépetl en caso de erupción. El Gobierno de México conjuntó los esfuerzos de múltiples dependencias para disminuir los riesgos de víctimas fatales ante tal contingencia. A finales del año 2000, el proceso de la evacuación demostró la excelente planificación y cuidado minucioso de todos los detalles concernientes al transporte de la población y su alojamiento en albergues. Sólo se descuidó una única pero muy significativa fuente de riesgo fatal: la gente evacuada, al igual que los estrategas de la evacuación, es gente-con-animales. Los primeros lo saben cotidianamente, saben cómo sus animales expresan hambre, sed. Pasaban las horas, el volcán no tenía a bien matarlos con una erupción fulminante; la gente en los albergues a cada momento se inquietaba más, se sentía más jalada hacia donde tenían una parte de su existencia que simplemente no podían dejar atrás. Algunos juntaron los desperdicios de comida del albergue y por su cuenta y riesgo, con o sin permiso de Protección Civil, del Ejército y del Presidente Fox regresaron a la zona evacuada. Ante las cámaras de televisión y preguntas que más bien parecían regaños esa gente manifestó lo que debió haber sido una revelación para los planificadores y los expertos: les importaban sus animales. Su vida estaba construida con ellos. Ahora los expertos saben que también la suya es una vida con animales.
Finalmente, en otro orden de consecuencias de la negación de nuestra existencia animal, es preciso poner en cuestión al menos la primera de las supuestas condiciones sine qua non del saber antropológico: Toda antropología trata del hombre como especie, la especie humana, la especie Homo sapiens.  Desde luego, la alternativa no es marginar a la especie humana del tratamiento antropológico y filosófico. Más bien se trata de pensar al mismo tiempo la historicidad de Homo sapiens (¡apenas uno entre tantos homínidos!) y la fuerza ontológica, epistemológica y moral de sus relaciones con un mundo donde no está solo ni aislado. La consistencia de este mundo para nuestra especie, no nos viene dada por alguna mítica fuente de nuestras diferencias con el resto de los animales, llámese razón, lenguaje, fantasía, personalidad. Este mundo es consistente para muchos de nosotros, vivible, objetivo, evidente, confiable hasta en la certeza de que hay trampas y hay simulación, porque estamos trabados existencialmente con otras personas.   Muchas de ellas, afortunadamente,  no son de nuestra especie.

La del estribo
En síntesis, no es posible comprender ni explicar el horizonte de la especie humana actual aislándola o abstrayéndola de las formas de vida con que se compone y relaciona, sobre el supuesto de que posee atributos inéditos, exclusivos de ella. No he dicho que no los tenga ése es otro problema. No he siquiera rozado el debate sobre si más allá del humano adulto y sano hay conciencia, intencionalidad, personalidad, libertad, agencia y tantas otras proyecciones de nuestra imagen actual que consideramos valiosas; y si efectivamente es deseable seguir esa pauta de reflexión. Tampoco he asentado que dada la posibilidad de que el animal no sea lo que el filósofo ha asegurado que es, debemos concederle derechos jurídicos o morales, dejar de utilizarlo como medio para nuestros fines o dejar de comérnoslo ése también es otro problema. Mi propósito aquí se cumple si siembro una duda razonable en los asertos del filósofo sobre el animal, si promuevo la reflexión cada vez que el filósofo vaya a adoctrinarnos sobre la diferencia: ¿por qué le importa? ¿qué función cumple en su discurso? ¿es realmente necesario traer a colación al animal o es parte del marco que adorna su idea de humanidad? Y, finalmente, si también vuelvo problemático el silencio filosófico sobre la animalidad, si contribuyo a que el solipsismo de la especie humana sea tematizado y reflexionado. Sería uno de tantos pasos hacia la reflexión y la vivencia del mundo como lugar común. En palabras de Donna Haraway

Si el mundo existe como "naturaleza", ésta designa un tipo de relación, una ejecución de muchos actores, no todos humanos, no todos orgánicos, no todos tecnológicos. En sus encarnaciones científicas así como en otras formas la naturaleza es construida, pero no enteramente por humanos; es una co-construcción entre humanos y no-humanos. Esta es una visión muy diferente a la observación posmodernista de que el mundo está desnaturalizado y reproducido en imágenes o replicado en copias.

Las antropologías (filosóficas y científicas) pueden prestar atención a lo que ocurre y desconfiar de los coros que piden cerrar los ojos, clausurar las ventanas y volver a contar las mismas fábulas. Ciertamente estas son sendas inseguras en las que todo está por discutirse todavía, pero por ahí transitan verdades de una dimensión básica del ser en el mundo. 




  1.- Con leves modificaciones a las notas 8 y 10, este documento está publicado en Sentidos. Revista de la Facultad de Filosofía (UMSNH), No. 10 (2002), junio, pp. 14-19. Tampoco aparece aquí el lamentable error en la bibliografía sobre el nombre de pila de Gustavo Bueno.
  2.- Gerardo Osorio, arriero de Fredonia, Arrieros y colonización. Antioquía y Viejo Caldas 1850-1930. Museo del Oro, Bogotá, Colombia, 2000, p. 3.
  3.- Si bien es relevante examinar las políticas de construcción del animal que han tenido las filósofas, no será posible en esta ocasión. Por lo pronto, remito al lector a Noske, B. Beyond Boundaries. Humans and Animals. Black Rose Books, Montreal, 1997, especialmente pp. 80-116, 171-174; Birke y Parisi, "Animals, Becoming"  en Steeves, Animal Others. On Ethics, Ontology, and Animal Life. SUNY, Albany, 1999, pp.55-73.
  4.- ¿El animal está en el plato, tirando el carro, en el zapato, en la cartera? Pues no.
  5.- En realidad, este es un dilema menor comparado con el de confrontar las bases de la certeza sobre la diferencia. Ojalá estuviéramos ante tal confrontación. En ese camino nos pusieron ya otros, por ejemplo Bergson, Serres, Deleuze  y Guattari, pero no lo hemos seguido sistemáticamente hasta el asunto animal.
  6.- Encontramos una adjetivación o adverbiación homóloga en autores que escriben "cultura humana" cuando no están dispuestos a reconocer que hay culturas no humanas (animales) ¿Por qué incurren en un pleonasmo, según sus propios asertos? Quizá les parece que se oye más bonito, más humanista.
  7.- Julián Marías, Antropología metafísica. Alianza, Madrid, 1970, p. 132.
  8.- Término acuñado por Ryder, Animal Revolution: Changing Attitudes Towards Speciesism, Oxford University Press, 1989, pp. 5-12. La mayoría de las traducciones al español anotan directamente especieísmo; yo he elegido una forma más eufemística que sigue la pauta de, por ejemplo, racismo para referirse a la discriminación por raza (no decimos razaísmo) o sexismo para referirse a la discriminación por sexo (igualmente, no decimos sexoísmo).
  9.- Tengo en mente algunos rostros de animales no humanos que sí expresan una intención inmediata, un estado de ánimo, benévolo, indiferente, desdeñoso, altivo, suplicante, despechado, colérico... No creo que para que valgan como cumpliendo la primera condición de la rostreidad se les tenga que exigir cosa que no ocurre con el rostro si es humano que brote sin el menor contagio  por convivencia, por trato con otros humanos con los que se encuentra.
  10.- Marías, op cit., p. 133.
  11.- Aunque no viene mucho al caso decirlo, Julián Marías traiciona para con los humanos está virtud de la individualidad que le negó a todos los animales. La significación (el proyecto de vida manifiesto) del rostro varonil es la gravedad, porque el varón  "sabe que, en el fondo, la realidad es pesadumbre; por eso necesita fortaleza; por eso tiene que edificar una isla de seguridad, que paradójicamente se sostiene sobre sus hombros. Esa isla es lo que llamamos civilización, ciencia, cultura, Estado". La significación del rostro femenil es... la ingravidez; consecuentemente, "se apoya en la gravedad masculina para realizar su problemático destino de criatura ingrávida" (idem p. 141).  Debemos ser capaces de apreciar la jugarreta  del demonio de la "naturaleza", ése que en la cita de arriba Marías encarcelaba en la identidad significación=especie en el caso de todos los animales y que aquí entra ahora en los dominios del supuesto no-animal para atenazarlo con la diferencia sexual.
  12.- Algunas muy meritorias exploraciones filosóficas en el animal tienden a partir y llegar a este axioma: ellos realmente no hablan, realmente no deciden, realmente no comprenden, realmente no aprenden. Ver por ejemplo Álvarez, J., "Aproximación crítica a la idea de cultura animal", en Devenires, No. 2, julio 2000, pp. 63-89.
  13.- Deleuze y Guattari, Mil Mesetas (1980). Pre-Textos, Valencia 1988; Serres, El contrato natural (1990) Pre-Textos, Valencia, 1991; Bueno, Gustavo, El animal divino. Ensayo de una filosofía materialista de la religión. Pentalfa, Oviedo, 1996. Varias contribuciones en Steeves, Animal Others, recuperan en este sentido a Merleau-Ponty, Heidegger, Husserl, entre otros.
  14.- Millán, A., "Acerca del status animal" en Estudios del Hombre. U de G, México,  No. 7, 1998,  pp. 133-149. Mullin, M.H., "Mirrors and Windows: Sociocultural Studies of Human-Animal Relationships" en Annual Review of Anthropology, 1999, 28:201-224.
  15.- Pitt-Rivers, "Le Sacrifice du Taureau", Le Temps de la Réflexion No. 4, 1983, pp. 281-298.
  16.- Rappaport, Pigs for the Ancestors (1968). Yale Univ. Press, New Haven, 1984.
  17.- Muga, J., "Corrientes actuales de la antropología filosófica" en Pensar lo Humano. Actas del II Congreso Nacional de Antropología Filosófica. Iberoamericana, SHAF, Madrid, 1997, p. 16.
  18.- Sigo aquí las reflexiones de Ferraris (La hermenéutica. Taurus, 1998) quien ha puesto en claro que la consecuencia inmediata de la universalidad de la hermenéutica filosófica es que cabe considerar a los animales. Estos son aludidos en varias páginas de su breve libro (21, 23, 53, 64, 70-72 y 102).  Pareciera que la intención de Ferraris es atacar el corazón teológico/lingüístico de la hermenéutica ontológica. Niños y animales perciben, actúan y comprenden este mundo sin Verbo, o sea, sin lenguaje, el sistema de mediación que la hermenéutica ontológica ha sacralizado como único.  
  19.- Haraway, "The Promises of the Monsters: A Regenerative Politics for Inappropiate/d Others" en Grossberg et al. (ed.), Cultural Studies. Routledge, NY, 1992, p. 297.
  Dallery, C., "Into the Truth with Animals", en Steeves, Animal Others. On Ethics, Ontology, and Animal Life. SUNY, Albany, 1999, pp. 249-269.



Bibliografía:
Álvarez, Juan, "Aproximación crítica a la idea de cultura animal", en Devenires, No. 2, julio 2000, pp. 63-89.
Bueno, Gustavo, El animal divino. Ensayo de una filosofía materialista de la religión. Pentalfa, Oviedo, 1996.
Deleuze y Guattari, Mil Mesetas (1980). Pre-Textos, Valencia 1988.
Ferraris. Maurizio,  La hermenéutica (1998). Taurus, México, 2000.
Haraway, Donna, "The Promises of the Monsters: A Regenerative Politics for Inappropiate/d Others" en Grossberg et al. (ed.), Cultural Studies. Routledge, NY, 1992.
Marías, Julián, Antropología metafísica. Alianza, Madrid, 1970.
Millán, Amado, "Acerca del status animal" en Estudios del Hombre. U de G, México,  No. 7, 1998, pp. 133-149.
Muga, Jesús, "Corrientes actuales de la antropología filosófica" en Pensar lo Humano. Actas del II Congreso Nacional de Antropología Filosófica. Iberoamericana, SHAF, Madrid, 1997.
Mullin, Molly H., "Mirrors and Windows: Sociocultural Studies of Human-Animal Relationships" en Annual Review of Anthropology, 1999, 28:201-224.
Noske, Barbara, Beyond Boundaries. Humans and Animals. Black Rose Books, Montreal, 1997.
Pitt-Rivers, "Le Sacrifice du Taureau", Le Temps de la Réflexion No. 4, 1983, pp. 281-298.
Rappaport, Roy, Pigs for the Ancestors (1968). Yale Univ. Press, New Haven, 1984.
Ryder, Richard, Animal Revolution: Changing Attitudes Towards Speciesism, Oxford University Press, 1989.
Serres, Michel,  El contrato natural (1990). Pre-Textos, Valencia, 1991.
Steeves, H. Peter, Animal Others. On Ethics, Ontology, and Animal Life. SUNY, Albany, 1999.

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