LA BANDA DE LA NOBLEZA
Ing. Marcelino (Chico) Ramírez
Sep-02
El Manejo Natural de los Caballos (MNC) no es una mercancía que podemos adquirir en algún establecimiento comercial. No es siquiera, el puro conocimiento de un procedimiento o una técnica; tampoco es, por otra parte, la experiencia o práctica adquirida a lo largo de los años. Ojalá fuera sólo eso, pero por desgracia el MNC es una forma de vida, es una forma de ser, diferente a los hábitos de vida y de relación de los humanos, por eso es que les exige un cambio de actitud.
Dicho así, con una sola palabra, parece simple y fácil de conseguir, sin embargo no lo es. No bastan años de estudio y práctica. Ni la sabiduría ni la experiencia facultan por sí mismas a nadie para entenderse con los caballos. He estudiado extensas obras de antiguos y actuales autores de fama mundial; conozco y soy amigo de incontables y reconocidos hombres de a acaballo que han pasado su vida cosechando triunfos en diferentes disciplinas ecuestres, sin embargo, ni la erudición de los primeros, ni la habilidad de los segundos, han sido suficientes para lograr los resultados que realmente deberían obtener. Y estos esfuerzos no bastan porque ese estudio y esa práctica no garantizan la modificación de esa forma de vida, que es la que hace la verdadera diferencia.
Es indudable que unos y otros alcanzan las mejores posiciones en su ramo, aunque los deportes ecuestres tampoco han sido diseñados apropiadamente para reflejar la mejor relación del binomio, a pesar de que todos los reglamentos de competencias así lo especifiquen, pues tanto los deportes, como sus reglamentos, también han sido concebidos sobre la inapropiada base del manejo tradicional.
Tal vez no podía ser de otro modo, el hombre --me refiero genéricamente--, no puede crear otra cosa que la que corresponde a su forma de vida o por lo menos, con el enfoque de sus hábitos "humanos" más idiosincrásicos.
Debieron pasar muchos años para que pudiera emitir mis conclusiones. Años de estudio y práctica en franca oposición a las formas tradicionales. Formas que indudablemente arrojan resultados en el manejo de los caballos, y que en términos generales son satisfactorios para la inmensa mayoría, pues consideran haber logrado el mejor desempeño, cuando tal vez ni sospechan los verdaderos alcances en consistencia o en metas concretas, cuando se logra comprometer la voluntad del caballo.
LA IMPORTANCIA DEL MANEJO TRADICIONAL DEL CABALLO
Ante esta reflexión surgen las primeras preguntas: ¿Qué no ha sido el manejo tradicional, el empleado mayormente durante todas las épocas y en todos los lugares del planeta? ¿No ha sido acaso, bajo el manejo tradicional que el caballo desempeñó y continúa desempeñando las acciones que tanto admiramos? Efectivamente, si hablamos en términos generales, el mundo prácticamente no conoce el MNC, el puñado de conductistas en equinos que lo practican con seriedad y eficiencia en el mundo no han logrado su difusión efectiva. Tampoco parecen haber servido de mucho las contadas obras literarias que a lo largo de la historia incluyen conceptos de MNC, Las resistencias de los humanos son comprensibles, así como las limitaciones de los mentores para transmitir sus conocimientos que, simuladas o reales, muchas veces lo que hacen es confundir al receptor.
Para muchos conductistas no quedan claros aún los complicados procesos zoológicos, sicológicos, sociológicos, antropológicos y etológicos de las dos especies, que van mucho más allá de la importante, pero simplista concepción de la relación presa-depredador.
CAUSAS DEL PREDOMINIO DEL MANEJO TRADICIONAL
En este contexto, la pregunta fundamental es ¿por qué predomina y siempre lo ha hecho el manejo tradicional? La pregunta tiene una cuádruple respuesta:
1.- Porque es el que resulta natural al hombre y sus actitudes innatas y adquiridas y que en muchos aspectos son contrarios a las del caballo.
2.- Porque no conocen la existencia del MNC y el tradicional, siendo el procedimiento más practicado, es el que goza de mayor difusión en virtud de que somos impelidos a aprender y practicar lo que vemos que otros hacen.
3.- Porque sabiendo de la existencia del MNC, no recurren a él por ignavia.
4.- Porque generalmente el manejo tradicional da resultados que son considerados como satisfactorios.
Las proezas de muchos binomios ocupan los registros de libros de marcas mundiales, amén del valor estético que hacen el placer de los espectadores. Existen incontables anécdotas y leyendas sobre las capacidades y prodigios del noble animal, todas ellas, logradas mediante las formas del manejo tradicional.
Analizado de manera aislada, es difícil imaginar que se podrán superar con MNC logros alcanzados mediante procedimientos tradicionales, tales como marcas de desempeño en rienda, adiestramiento, salto de altura, velocidad o resistencia, etc. pero desde el punto de vista de un enfoque global y estadístico, es absolutamente cierto que más caballos y con más frecuencia pueden superar su propio desempeño.
Pero si la dedicación de toda una vida y el manejo de incontables caballos, no garantiza la coherencia de la importantísima asociación del hombre con el caballo. Tampoco la justifica la recurrente explicación de que cada quien tiene su propio método para obtener los mismos fines, pues este recurso equivale a la aberrante afirmación de que cada individuo tiene su propia verdad. Heráclito lo expuso así: "Un solo mundo para los despiertos; para los dormidos, cada cual el suyo". Otro argumento recurrente que se esgrime a manera de justificación para obtener por la fuerza las acciones del caballo, es que el fin justifica los medios, concepto absolutamente inadmisible en la equitación.
No es posible evitar una sensación de confusión e incertidumbre entre lo que es y lo que debe ser, sobre todo, cuando no se cuestiona toda una existencia sustentada sobre determinada forma de actuar, sino una forma de actuar con 6,000 años de antigüedad. Para salir del embrollo, es necesario considerar otro punto de vista, sobre todo el que habitualmente no es tomado en cuenta: el del caballo.
EL PUNTO DE VISTA DEL CABALLO
Durante mis clínicas observo invariablemente que el obstáculo fundamental que enfrentan mis estudiantes para aprender el MNC, es dejar de considerarlo como un objeto. Un objeto al que hay que empujar o jalar si queremos mover hacia un lado u otro, al que hay que sujetar, encajonar o amarrar si queremos que no se mueva y al que hay que castigar si queremos que tenga buena conducta y desempeño.
El primer concepto a explicar, es que el caballo no es un objeto, sino un sujeto que tiene su propio punto de vista.
A nadie se le ocurre preguntar al caballo que piensa de su dueño/manejador/jinete y de los ejercicios o trabajos a los cuales se le somete y la forma como se le somete, mucho menos del mundo que lo rodea.
No estamos acostumbrados a considerar que el caballo tenga libre albedrío y ese es el primer obstáculo para poder encontrar la clave del manejo apropiado.
Es necesario entender que el caballo tiene la capacidad de experimentar emociones y sentimientos, y que es absolutamente capaz de tomar decisiones. Puede optar por emprender acciones después de analizar una situación determinada, inclinándose por la que mejor conviene a sus prioridades de seguridad y bienestar.
Una vez que comprendamos las capacidades del caballo, debemos estudiar su forma de pensar y de actuar. Solo así podremos emprender las acciones necesarias para poder intervenir en su propia toma de decisiones y acciones, solo así podremos ser realmente empáticos con él y obtener lo que queremos persuadiéndolo, no lastimándolo.
Al estudiarlo podemos imitarlo, tratar de copiar su relación social con sus compañeros, pues finalmente, al tenerlo estabulado y separado de sus congéneres no pierde su instinto gregario y este debe satisfacerse con quien lo maneja.
Así que la clave del MNC está en pensar y actuar de manera comprensible para él, de tal forma que nuestra actitud no sea la de sostener un monólogo humano sino una comunicación, un diálogo con otro sujeto. Para establecer esa comunicación, es necesario hablar en su idioma, imitar su comportamiento y poner en práctica los recursos sociológicos que le son propios. El MNC te ofrece esa alternativa poco explorada pero que arroja tan sorprendentes resultados. Sin embargo, antes de seguir adelante quiero hacer otra reflexión apoyada en la siguiente anécdota: Hace algunos meses tuve la oportunidad de acompañar a Ray Hunt en una de sus clínicas en Arizona cuando explicaba a sus estudiantes: "el problema del hombre es que él se encuentra aquí (y señalaba a la altura de su rodilla, con la palma de su mano hacia abajo), mientras que el caballo se encuentra acá (y su mano señalaba por encima de su cabeza); el hombre debe subir al nivel del caballo, en lugar de pretender que el caballo descienda al nivel del hombre" Evidentemente, Hunt considera que el caballo supera sociológicamente al hombre en algunos aspectos, concepto que comparto plenamente. La diferencia entre las dos especies es enorme, no sólo por la brecha evolutiva que los separó hace millones de años, sino por las características particulares de sus hábitos de vida, que realmente en muchos aspectos son superiores a los del animal humano (ver artículo "Tratar a los Caballos Humanamente? ¡No por Favor!"). Si no comprendemos este concepto, no será fácil que podamos establecer una comunicación eficiente con el equino. Pero no basta con la comprensión de la forma de actuar y de pensar del caballo, ni nuestras deficiencias en la vida de relación para imitarlo, es necesario también, mantener el equilibrio de nuestras acciones.
CONCEPTO DE EQUILIBRIO
El equilibrio lo es todo en la vida, de hecho, lo es todo en el Universo. Las fuerzas de atracción de los astros se encuentran en equilibrio, la teoría de la Gravitación Universal da cuenta de ello; los ciclos naturales del agua, oxígeno, temperatura, ozono, etc, deben mantenerse en equilibrio; la relación entre las especies existentes se mantiene o deben mantenerse también en equilibrio en ese vínculo casi mágico de la cadena trófica; las interrelaciones existentes entre el agua, el aire y las masas bióticas buscan su equilibrio; dentro del cuerpo humano, encontramos el equilibrio en sus procesos fisiológicos, las hormonas, ácidos, energía, etc. deben mantenerse en equilibrio; de la misma forma, los fenómenos sociales deben mantenerse en equilibrio, ya sea entre naciones, colonias, manadas, individuos o bien, la relación con el caballo.
Sin embargo, con frecuencia ese equilibrio se rompe por una u otra razón, y debe restablecerse lo antes posible, pues la ruptura sostenida de los patrones de equilibrio llevan irremediablemente a la muerte. Si no es así, la Naturaleza actúa indefectiblemente para restablecer un nuevo equilibrio, tal vez después de la desaparición de un astro, de un continente, de una especie, de un individuo o de una relación.
El MNC es el equilibrio mismo en la relación con el animal. Es el medio que nos permite balancear nuestras acciones hacia el caballo, manteniéndolas en lo que llamo la línea de equilibrio o de eficiencia.
La línea de equilibrio o eficiencia puede ser representada gráficamente, así como las desviaciones o sesgos que simbolizan los errores en el manejo.
En la relación con el caballo se puede caer en dos diferentes errores: o se es demasiado duro (rigor), o demasiado suave (blandura). Es decir, las desviaciones de la línea de equilibrio significan que se maneja mal al caballo.
Por un lado, desde los excesos de firmeza, hasta el ejercicio físico desmedido y la violencia empleada a través de fuetes, espuelas, frenos y demás utensilios, son formas características del manejo tradicional riguroso que ocasiona un sesgo de la línea de equilibrio y que podemos observar en la (fig. 1).
Por el otro, un manejo tímido e ineficaz en el que el caballo toma las decisiones, típico de niños y personas de poca experiencia con los caballos. Es también un error, pero este se ubica hacia el lado contrario de la línea de equilibrio. (fig. 1). 
Cuando se advierte el error y se tiene la capacidad de identificarlo, aceptarlo y remediarlo, se produce la corrección regresando a la intensidad apropiada de los estímulos que representa la línea de equilibrio (fig. 1).
El MNC nos enseña a identificar, aceptar y corregir nuestros errores de manejo, por lo que, con toda propiedad, podemos considerarlo como la herramienta que remedia las desviaciones de la línea de eficiencia, proporcionando la capacidad de corregir el error.
CONDICIONES DEL MNC
Para identificar y aceptar el error se requieren varias condiciones que debe satisfacer el manejador/jinete:
1.- Conocer las acciones, la manera de pensar y los hábitos de vida del caballo.
2.- Conocer las acciones, la manera de pensar y los hábitos de vida del hombre.
3.- Tener control del estado de ánimo personal.
4.- Conocer y dominar los principios del MNC.
5.- Establecer el liderazgo sobre el caballo.
Mantenerse en la línea de equilibrio parece ahora más difícil que caminar sobre un cable tendido sobre las cataratas del Niágara y tal vez lo sea, pero no todo es negro en el horizonte. Considero que nada es absoluto. No existe quien emplee sólo el manejo tradicional en su relación con el caballo, como tampoco quien todo lo lleve a cabo con completo respeto a los principios del MNC, ni siquiera los más eficientes conductistas en equinos.
El error, como también el acierto, se advierte de inmediato por el efecto que nuestras acciones causan en el caballo, que determinan la emisión de una respuesta o de una reacción. De ahí la necesidad de conocer las acciones, la manera de pensar y los hábitos de vida del cuadrúpedo.
La sensibilidad del manejador/jinete para advertir el mínimo cambio en el menor lapso posible, es parte de su habilidad y experiencia, sin embargo, es indispensable conocer la naturaleza equina y sus expresiones, pues de otra forma, sin habilidad o conocimiento, cualquier mensaje del caballo se pierde en el vacío.
Por otra parte, también debemos conocer la etología del animal humano, sus hábitos y formas de vida, pero sobre todo, su manera de pensar y de ver el mundo que lo rodea.
Otra premisa, es la necesidad de saber que existe un error en la relación, pero más importante que eso, es aceptar que dicho error es nuestro, no del caballo. Las actitudes del equino hacia nosotros es producto indefectible de nuestras propias acciones y actitudes, pero en tanto que continuemos inmersos en la posición habitual humana, de echar la culpa a quien sea o a lo que sea antes que aceptarla como nuestra, la solución queda muy lejos de ser alcanzada, y de hecho, cada vez más lejos. Una vez que comprendamos que la respuesta a los errores del caballo está en nuestros propios errores, estaremos en vías de encontrar la verdadera solución.
El siguiente paso es controlar nuestro propio estado de ánimo, pues de él depende que la actitud que asumimos sea la más apropiada en un caso determinado. La persona que se deja llevar fácilmente por sentimientos de frustración, recurre con prontitud a la fuerza y la violencia para tratar de cambiar la actitud del caballo, rompiendo toda vía de comunicación posible. Es bien sabido que esto sólo empeora la situación. Nosotros podríamos controlar nuestro propio estado de ánimo, si conociéramos mejor al caballo, sus emociones y reacciones. Entonces sabríamos que no tiene ninguna intención personal de frustrar nuestras acciones ni pretende malograr nuestro trabajo por alguna razón insana. Simplemente reacciona al trato que se le da, de la forma en que le dicta su propia naturaleza y que le permite evitar en lo posible. Es una situación de causa-efecto, donde nosotros somos la causa y provocamos determinado reacción como efecto. Los caballos no quieren mostrarse tímidos, rebeldes, enojados, inmanejables o agresivos, nuestra actitud le infunde estos y muchos otros sentimientos que se convierten en un obstáculo para la relación.
En realidad, el caballo casi siempre se esfuerza por comprender lo que queremos y por satisfacer nuestros deseos. La mayoría de las veces, su propósito es mal interpretado por el desconocimiento crónico de su naturaleza y del lenguaje equino y entonces, recibe un castigo en lugar de ser estimulado con reforzamientos positivos. Por la misma razón, también se confunden sus acciones incorrectas y se le premian cuando deben ser censuradas. Este caso es el habitual origen de resabios y mañas que tanto frustran al manejador/jinete. Ante estos errores, se establece un juego bastante infortunado en el que generalmente el humano hace exactamente lo contrario de lo que debe hacer, con las subsecuentes consecuencias negativas. Huelga decir que la solución a todos estos problemas es desde luego el MNC, mediante el cual podemos encontrar la solución a cada una de nuestras deficiencias y errores.
RESPETO Y LIDERAZGO
La obtención del liderazgo no es otra cosa que el control natural del caballo. Esto implica el control de varios aspectos, no sólo de sus movimientos. Por medio del MNC le enseñamos que podemos controlar todos esos aspectos sin tener que recurrir a la fuerza y el dolor. Cuando el manejador/jinete logra esto, el caballo comienza a respetarlo, mientras que mediante el procedimiento tradicional lo que se obtiene es temor, esencialmente diferente al respeto. De la misma forma, también es esencialmente diferente la obtención de respuestas, en lugar de reacciones del caballo.
Se presenta pues la necesidad de conocer y dominar de la mejor forma posible las técnicas del MNC, para que el manejador/jinete pueda aspirar a que, junto con el demás acervo de conocimientos, experiencias y facultades, se mantenga sobre la línea de eficiencia con las menores desviaciones posibles.
Para el manejador natural, es vital advertir el error cuanto antes y regresar a la línea de equilibrio de inmediato. Su acción inicia una oscilación cada vez que la línea es abandonada hacia el terreno de lo tradicional y se completa al corregir el error y regresar de nuevo a la línea. La efectividad del manejador natural se encuentra en razón inversa a la distancia del desplazamiento (dimensión del error) y al tiempo que se toma la corrección (fig. 1).
Nadie puede caminar siguiendo fielmente la línea de equilibrio sin desviarse a uno y otro lado. Significa que todos cometemos errores que se manifiestan en la gráfica, lo que varía es la dimensión de la desviación y el tiempo que se toma la corrección.
CORRECCIÓN Y TIEMPO DE RETORNO
Al tiempo que toma la corrección del error le llamo tiempo de retorno, ya que representa el lapso en que el manejador/jinete regresa a la línea de eficiencia.
Otro parámetro que pude ser medido para cada persona, es el área bajo la curva, que está en razón directa con los valores del error y el tiempo de retorno. (fig. 1)
Hay quien, por su trato riguroso hacia el caballo, camina más tiempo en el terreno del rigor, con muy pocos acercamientos hacia la línea de equilibrio (fig. 2).
Mientras que en el otro extremo tenemos a quienes no logran establecer el liderazgo sobre el animal y se mantienen en el área de la blandura sin acercarse a la línea de equilibrio (fig. 3).
Las desviaciones hacia ambos lados son errores que impiden la comunicación, pero el desplazamiento hacia el campo de rigor, acarrea consecuencias colaterales que minan la posibilidad de entendimiento en intentos posteriores, puesto que, el caballo recordará con eficiencia el maltrato recibido, respondiendo de acuerdo al tipo de error y a la personalidad del equino.
Las desviaciones imposibilitan la comunicación por dos razones fundamentales: hacia el campo del rigor el caballo es intimidado por un trato demasiado rudo que le causa temor; hacia el campo de la blandura, no existe la comunicación por falta de interés y atención del caballo.
CONSECUENCIAS DE LAS DESVIACIONES
Las desviaciones, en cualquier sentido, conducen a problemas adicionales que generalmente van incrementando la actitud negativa en el caballo. Analicemos por separado cada uno de los dos casos:
1.- Los errores por desplazamiento hacia el campo del rigor (fig. 2) se producen por un exceso de firmeza, que puede variar desde un manejo rudo injustificado, hasta alcanzar grados de violencia física como fuente de dolor o pánico. El manejador/jinete no obtiene el liderazgo sobre el caballo pues lo que logra es que le tema en lugar de que lo respete invalidando la posibilidad de establecer tan importante vínculo. Generalmente, cometen este error personas sin la suficiente información teórica, carentes de sensibilidad y propensas a solucionar los problemas por medio de la violencia; o individuos de reducida capacidad autocrítica, que se consideran expertos en el arte de manejar a los caballos. Sus acciones, traen como consecuencia dos posibles reacciones del caballo:
1.1.- Se intimida. El animal no permite ser manejado por su recuerdo de maltrato. Se incrementa su intencionalidad de huir y evitar la cercanía o contacto con el hombre. Esto ocurre cuando la personalidad del caballo es tímida en diferentes grados. El caballo muestra tendencias a huir, más que a luchar, aunque si no tiene alternativa lo hace.
1.2.- Muestra agresividad. El manejo riguroso y el recuerdo desagradable del maltrato acumulado es mayor que su nobleza (capacidad de perdonar) envileciendo su comportamiento y tornándolo agresivo y peligroso. Este caso se presenta cuando la personalidad del caballo es dominante, pero generalmente requiere de experiencias desagradables anteriores en la relación con el humano.
2.- Los errores por desplazamiento hacia el campo de la blandura (fig. 3), habitualmente mostrando debilidad o a través de consentir al caballo en exceso, tampoco conducen al liderazgo pues el caballo no considera que quien lo maneja o monta tiene suficiente capacidad para tomar las decisiones correctas. Además, ocasionan actitudes como:
2.1.- Falta de atención. En este caso, el caballo simplemente ignora las instrucciones y a veces la presencia misma del humano. Más que una falta de respeto, es una falta de consideración de la presencia del manejador. Este es tal vez el caso menos perjudicial del comportamiento negativo del animal, pues los demás devienen en actitudes cada vez más negativas que conducen al embudo del círculo vicioso.
2.2.- Rebeldía. En la que su actitud caprichosa y falta de respeto lleva al caballo a tomar decisiones por si mismo, que generalmente son contrarias a las que desea el manejador o jinete. En este campo caen tanto personas inexpertas o con temor a los caballos, como aquellos que, conociendo los principios del MNC, no tienen la capacidad adecuada o no están dispuestos a emplear la firmeza necesaria para establecer el liderazgo sobre el solípedo.
Un tercer grupo de personas cometen errores en ambos sentidos (fig.4) pues es prácticamente imposible mantener el equilibrio perfecto sobre la línea de efectividad. De hecho, todos los individuos tienen alguna dosis de actitudes naturales que, conducidas con sensibilidad y empatía hacia el caballo, los lleva a obtener respuestas de buena voluntad.
EFICIENCIA DEL MNC
De la misma forma, todos los conductistas cometen errores hacia el campo del rigor y su efectividad depende de su propia capacidad de advertir el error y regresar de inmediato a la línea de equilibrio.
En la gráfica 4 podemos observar la efectividad de dos manejadores/jinetes que cometen errores de diferente magnitud, pero que su tiempo de retorno es el mismo. La efectividad de la primera persona (P1) es mayor que la de la segunda (P2), pues el área de barrido de su error/tiempo (A1), es menor que el de (A2).
Ahora analicemos la grafica de la figura 5, donde comparamos la eficiencia de dos personas que cometen errores de la misma magnitud, pero con diferente tiempo de retorno. El área bajo la curva en el caso de la primera persona (A1), es menor que el de la segunda persona (A2), por lo que su eficiencia es mayor.
Así que la conclusión es que se debe mantener lo más reducido posible, tanto los valores de los errores como los de los tiempos de retorno, pues la eficiencia de la persona se encuentra en razón directamente proporcional a ellos. En la medida en que se logre, su actuación tenderá a apegarse a la línea de equilibrio.
TOLERANCIA Y BANDA DE LA NOBLEZA
Sin embargo, hay una buena noticia. La línea de equilibrio no es en realidad una línea, sino una banda (fig. 6) que cambia su ancho de acuerdo al grado de tolerancia, que cada caballo tiene a los errores de desviación en ambos sentidos. Se puede considerar que la banda tiene dos áreas, una hacia el campo del rigor y otra hacia el de la blandura. Las dos áreas se forman por el grado de tolerancia que el caballo presenta y este a su vez depende de su personalidad innata y adquirida.
Yo la llamo banda de nobleza, por la razón que veremos en seguida.
Dentro del campo del rigor, los caballos muestran una gran tolerancia al abuso y al maltrato, no se explica de otra forma la existencia de los procedimientos tradicionales de manejo. Esta tolerancia se debe a una característica casi única del caballo: la nobleza. Yo defino la nobleza como la capacidad de perdonar y al parecer el caballo la posee en el mayor grado en la naturaleza, quizás comparable sólo con el perro. Sin embargo, existe la tendencia a confundir esta cualidad con la falta de memoria, con la facilidad de olvidar o con estupidez y falta de inteligencia. Sin embargo, de sobra sabemos que el caballo tiene una memoria privilegiada y que no es posible suponer que ha olvidado el daño que se le causó diez minutos, diez días, diez meses o diez años atrás. Nos equivocamos cuando hablamos de conseguir el olvido de experiencias desagradables, eso no ocurrirá, pero sí en su lugar, si nos hacemos merecedores a él (y muchas veces aunque no lo hagamos), nos otorgará su perdón. Tampoco es un problema de escasez de inteligencia, puesto que, como lo analizaremos en otra oportunidad, el caballo es poseedor de increíbles habilidades consideradas características de la inteligencia, como la habilidad y velocidad de aprendizaje, en la que aventaja al animal humano.
Cuando la tolerancia corresponde al campo de la blandura, podemos asegurar que se trata de caballos con muy limitada dominancia, o muy poco ánimo de oponerse a los tímidos estímulos del manejador/jinete, ya sea por debilidad física o por vejez.
Esta condición menguada del estado físico, es la que buscan los medios tradicionales para vencer la resistencia del caballo cuando se les debilita mediante la falta de alimento, agua, descanso o sueño, sin embargo existe una gran diferencia entre la falta de ánimo por dominancia limitada y la que resulta de disminuir de alguna forma su capacidad física. En este último caso, cuando se restablecen sus fuerzas, también regresan, en la mayoría de los équidos, las actitudes de oposición al abuso y el maltrato. Por eso, siendo consecuentes con ese manejo, hombres y caballos se habitúan a la necesidad permanente de cansar al caballo diariamente antes de montarlo. Eliminar lo "sobrado" se dice, como si algo pudiera alguna vez estar de más. El MNC, demuestra que estos procedimientos son ineficientes y temporales como modificadores de la conducta equina, mientras que, por otra parte, indudablemente sí son una fuente de motivación de nuevos problemas de resistencias.
REFLEJO DE LA PERSONALIDAD DEL CABALLO
Normalmente la amplitud de las dos áreas que componen la banda de la nobleza, es similar pues corresponde a un mismo tipo de caballos, un equino poco tolerante al maltrato también habrá de mostrarse menos dispuesto a ser manejado por una persona inexperta (aunque desde luego, en este caso existen notables excepciones), mientras que un caballo muy tolerante al manejo tímido, también es tolerante al maltrato y al abuso físico..
La banda de la nobleza nos permite revelar la personalidad del caballo y es un principio importante y útil para explicar porqué un reducido porcentaje de caballos responden adecuadamente al manejo tradicional, a pesar de recibir el mas cruel de los tratos y al empleo de frenos, espuelas, serretas, bozales de hierro, barbadas de alambre, y demás artefactos que, además de infringir dolor y temor, laceran su piel y carne hasta sangrar abundantemente. Es ocioso insistir que son precisamente estos caballos los que establecen las marcas mundiales que parecen insuperables en las diferentes actividades ecuestres, a pesar de haber sido impuestas bajo el régimen del manejo tradicional, pues son el tipo de caballos que harán lo que se les pide sin importar la forma. Tampoco necesito afirmar que precisamente sobre los lomos de estos ejemplares equinos, recae la gloria de acciones imaginarias y reales, consagradas por narraciones épicas, verbales y escritas, en prosa y en verso, en leyendas y cantos, en esculturas y en imágenes, plasmadas en cavernas y en finos lienzos.
DIFERENCIA ENTRE CONDUCTISTAS
El juego de factores que determinan la gráfica de error, hace la diferencia no sólo entre manejadores tradicionales y naturales, sino muy particularmente entre estos últimos, mostrando variantes de efectividad que tienden a la objetividad conforme aplicamos las reglas de este análisis. En la figura 6 podemos ver la gráfica de una persona que muestra menos efectividad, saliéndose del área de la banda de la nobleza (línea continua), mientras que una segunda persona (línea puntuada) se mantiene dentro de la tolerancia del caballo.
Ya que todo el mundo comete errores en un sentido o en el otro, es importante estar alerta, siempre pendientes de los mensajes del animal, con la finalidad de reducir al máximo el valor de la desviación y el del tiempo de retorno, para que nuestra gráfica, ya que no puede ser una línea recta, se convierta en una sinusoide con el menor número de oscilaciones y de menor amplitud de onda. Se debe recurrir a todas las habilidades, para poner en juego las compensaciones que se encuentran en ese plano superior que es el MNC, pues, cuando el hombre se limita a oponer una fuerza visible a otra fuerza visible, entonces las consecuencias son siempre limitadas y no es posible salir de la corriente negativa en que fluyen los procesos.
CONCLUSIONES
El análisis y la reflexión nos llevan a las siguientes conclusiones:
1.- El MNC no es natural para el humano, sino para el caballo.
2.- Nadie es totalmente tradicional, ni nadie puede ser absolutamente "natural".
3.- El diálogo se debe dar en el lenguaje y actitudes del caballo, no del humano.
4.- Es indispensable conocer la manera de pensar y actuar del caballo.
5.- Los dos parámetros que definen la eficiencia de un manejador/jinete es el error y el tiempo de retorno.
6.- los dos errores son: el rigor y la blandura.
7.- Conocer la línea de equilibrio permite mejorar el manejo del caballo al tratar de corregir los errores.
8.- Ambos errores conducen a la falta de respeto y por lo tanto de liderazgo.
9.- Conocer la tolerancia del caballo posibilita al manejador/jinete a mantenerse dentro de la banda de la nobleza.
10.- Conocer su eficiencia personal y la tolerancia al error del caballo, le permite a la persona saber qué caballo puede manejar.
11.- La banda de nobleza hace posible comparar el temperamento de los caballos.
12.- La banda de la nobleza permite comparar la eficiencia de los manejadores/jinetes.